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Sueños

Los Sueños, la naturaleza de nuestro espíritu.

Los sueños pertenecen a la naturaleza de nuestro espíritu, son experiencias extra corporales que practica nuestro espíritu para contactarse con el Ser Superior.

Nosotros somos seres espirituales habitando un cuerpo físico que nos permite disfrutar de los placeres del mundo. El cuerpo es nuestro vehículo, y al igual que cualquier otro vehículo también requiere llevar a cabo algunos procesos para funcionar adecuadamente como respirar, comer o dormir. Sin embargo, a diferencia de estos procesos, soñar no es un acto indispensable para preservar el bienestar del cuerpo. De hecho, es biológicamente posible llevar una vida saludable sin haber experimentado un solo sueño, por lo que podríamos decir que los sueños son actos comunes, más no naturales.

Cada cosa que creamos desde la consciencia se expresa a nivel físico, por ejemplo, los días en que discutimos con alguien o que estuvimos muy estresados, nos sentimos más cansados que si hubiésemos hecho ejercicio y queremos dormir no sólo para descansar, sino también para poner una pausa en nuestras emociones.

También usamos los sueños como una manera de consultar al espíritu en las cuestiones que no sabemos resolver, de allí que antes de tomar una decisión comúnmente se diga que lo “consultaremos con la almohada”, pero, ¿qué pasaría si pudiésemos contactarnos con el Ser Superior sin necesidad de estar dormidos?

Los lamas tibetanos duermen dos o tres horas por noche, mientras que la mayor parte del día la dedican a la meditación. Ellos están en constante comunión con la divinidad y se caracterizan por mantener neutralidad en sus emociones, por ello logran descansar el cuerpo y recargar energía en una fracción de tiempo menor de la que requiere alguien común.

De manera similar, las personas que inician la práctica de las técnicas de Desarrollo Luz Dorada aprenden a dejar sus patrones de emociones negativas y a reconocer dentro de sí la energía divina, por lo que duermen menos y se sienten con más vitalidad.

Si bien hay gente que duerme en exceso, también hay quienes no logran conciliar el sueño por mucho que lo intenten.

El insomnio es una especie de locura que le provocamos al cuerpo cuando le enviamos instrucciones que no corresponden con lo que éste está percibiendo. Supongamos que son las cuatro de la mañana de un domingo y alguien está dando vueltas en la cama pensando en la camioneta que le robaron hace tres años, su cuerpo se percibe en reposo, pero la consciencia le indica que se mantenga alerta.

A diferencia del espíritu, el cual existe en todos los tiempos simultáneamente, el cuerpo vive sólo en el presente. Las emociones negativas respecto a eventos del pasado o del futuro generan información que es interpretada por nuestro cuerpo como una amenaza real e inmediata y éste siente que está en peligro y asume que debe mantenerse alerta para responder a la amenaza.

La incongruencia entre lo que la consciencia está proyectando y lo que el cuerpo realmente está percibiendo causa angustia y desequilibrios energéticos que eventualmente se manifestarán en enfermedades.

Algunas teorías psicológicas sostienen que los sueños son producto del material que guardamos en el inconsciente, sin embargo, la inconsciencia no existe. Hay distintos niveles de consciencia pero ninguno de ellos es inconsciente. Pensémoslo de este modo, nosotros somos semejantes de Dios, si Dios es completamente consciente, ¿por qué nosotros seríamos diferentes?

El concepto de “inconsciente” surgió en la época victoriana, la cual se caracterizaba por establecer un enorme tabú respecto a la sexualidad. Al aceptar esta teoría, las personas admitieron la existencia del deseo sexual, pero lo depositaron en una instancia separada de ellos de modo que el inconsciente se convirtió en un recurso que nos evita asumir la responsabilidad por nuestros actos y pensamientos. Con la programación de la infancia, nos enseñaron a crear divisiones en nuestra consciencia y ocultar, incluso de nosotros mismos, todo lo que juzgamos como “malo” respecto a nuestra personalidad.

Cuando dormimos, una parte del espíritu, conocida como cuerpo astral, sale del cuerpo físico pero se mantiene conectada a él a través del cordón de plata. La mayoría de las veces se queda dentro del aura, que es la energía que nos rodea y donde se almacena nuestra información espiritual. En el aura se encuentran imágenes dispersas de nuestras emociones, recuerdos, momentos presentes, vestigios de vidas pasadas y eventos probables en el futuro.

Al pasearnos a través del aura, estas imágenes se nos presentan de manera ilógica, por eso al soñar saltamos de una escena en la oficina a un viaje en burro a través del océano. Varias de las imágenes que se manifiestan son producto de las emociones en que hemos enfocado la consciencia, tanto en esta vida como en vidas pasadas. Incluso, si la emoción es muy fuerte, la persona, aunque esté dormida, vive la imagen de su emoción, es lo que le ocurre a los sonámbulos.

En algún momento del sueño, la consciencia puede cambiar de enfoque y en vez de concentrarse en las funciones corporales o en las imágenes del aura, logra despegarse del cuerpo y acceder otros niveles astrales. Los sueños que se sienten reales y se recuerdan con mucha claridad se producen en otros niveles de consciencia en los que podemos encontrarnos con gente que ha fallecido, ver imágenes del futuro y hasta visitar otros planetas. Estos sueños son como visitar la biblioteca astral en la cual toda la información de la Universa es accesible si buscamos adecuadamente.

El sueño lúcido consiste en entrenar el cuerpo astral y guiarlo de manera consciente durante los sueños. Quienes los experimentan son capaces de reconocer que están soñando y manipulan sus sueños con la confianza de saber que hagan lo que hagan, su cuerpo físico está seguro. Hay diversas técnicas que nos permiten inducirnos a un sueño lúcido e incluso, con algunos años de práctica, no sólo se exploran niveles astrales, sino también lo que ocurre alrededor del cuerpo.

Este tipo de experiencias se conocen como viajes astrales. En un viaje astral es posible salir del cuerpo y vernos a nosotros mismos recostados en la cama, andar por la habitación o flotar hacia otros mundos, pero siempre conectados al cuerpo a través del hilo de plata. Si nuestra consciencia se enfoca con gran intensidad, incluso conseguiríamos mover objetos.

Quizá estas experiencias extra-corporales llegan a generar temor en algunas personas, sin embargo, una vez que reconocemos nuestra naturaleza espiritual, es más sencillo separarnos momentáneamente del cuerpo y explorar las infinitas posibilidades que nuestra consciencia logra alcanzar cuando deja de enfocarse en emociones negativas.

En el mundo de los sueños no hay imposibles, allí podemos teletransportarnos, volar, atravesar paredes, conocer información de nuestro pasado, del futuro o viajar a cualquier lugar, y todo esto, desde la comodidad de la almohada.

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