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Diosas Encarnadas

Diosas Encarnadas

Lo femenino y lo masculino es una dualidad necesaria y complementaria en La Universa.

El machismo ha sido a través de los siglos una respuesta al miedo que provocan las diferencias entre ambos géneros.

Antes de existir todo, existía Dios. En su infinita curiosidad, Dios quiso experimentar en otra forma su consciencia y el impulso por descubrirse fue recibido por su misma consciencia en expansión.

La fuerza de expansión es un movimiento masculino, mientras que la recepción es un principio femenino; cuando estos dos movimientos confluyeron, se creó La Universa (nos referimos a la creación en femenino porque fue la materia quien recibió el impulso creador de Dios).

En el mito de la creación, Eva representa la fuerza creadora manifestada en la Tierra y Adán es la representación de la humanidad encarnada en el mundo. Para que Adán pudiera conocer La Universa, Eva le ofreció la manzana del conocimiento, y juntos, conocimiento-masculino y experiencia-femenino lograron sabiduría y certeza.

Los seres humanos, seamos hombres o mujeres, somos divinidad encarnada. Ninguna de las diferencias que hay entre nosotros a nivel físico nos otorga menor valor o menor capacidad por ello podemos decir que toda la desigualdad que históricamente se ha presentado entre ambos sexos no es una cuestión de naturaleza, sino de enseñanza.

Durante siglos, la religión judeocristiana nos ha transmitido una interpretación distorsionada del mito de Adán y Eva, responsabilizando a Eva, a la mujer, de que la humanidad fuese expulsada del Edén y a través de la propagación de la creencia del pecado original se ha infundado culpa y miedo en muchas consciencias y ha sido utilizada como un recurso para justificar el machismo y controlar nuestro libre albedrío.

El machismo entiende la sensibilidad femenina como una debilidad.

El machismo niega el principio femenino que se manifestó en La Universa por temor a la divinidad que encarna en lo femenino, pero el valor de nuestra experiencia de vida va más allá de la genitalidad y de nuestras preferencias. Nosotros somos seres de consciencia en los que se manifiesta la dualidad masculino-femenino, no como fuerzas opuestas, sino como principios complementarios.

Las mujeres, dada su capacidad de alojar vida en el vientre, tienen mayor facilidad para desarrollar su sensibilidad intuitiva y reconocer su propia divinidad. No obstante, tanto hombres como mujeres somos capaces de conectar con lo energía femenina que habita en nosotros. Esta conexión se puede ejercitar con una sencilla técnica de estimulación del primer chakra:

Primero, toma asiento con la espalda recta, manteniendo ambos pies en el piso y colocando las manos sobre tus muslos, con las palmas de las manos hacia arriba. Luego, respira profundamente e imagina un rayo de energía que nazca desde tu primer chakra (localizado en la base de la espina dorsal, en el sacro) y se extienda hacia abajo, atravesando en línea recta el suelo hasta engancharse al centro de la Tierra.

Una vez que hayas conectado el cuerpo físico con la energía terrestre, imagina tu lado femenino con la forma de la luna y a tu lado masculino, visualízalo como el sol. Cuando veas claramente estas dos esferas de luz, ponlas al nivel de tu corazón (cuarto chakra) e intégralas como si fuesen una sola para que femenino y masculino confluyan en armonía dentro de tu consciencia.

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Harold Moskovitz

“Más que impresionar, mi intención es de inspirar a la gente para que se conozcan a sí mismo. El ser maestro implica tener discípulo, yo prefiero tener alumnos a quienes motivar para que crean en ellos mismos, ya que lo que ven en mi, está en todos.”

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