ACTIVIDADES LUZ DORADA GLOBAL

La Infertilidad

La Infertilidad y las Emociones Negativas

Los bebés antes de encarnar eligen a los padres que los guiarán en el desarrollo de su consciencia, eligen el momento y el contexto en que nacerán.

Comúnmente se suele atribuir la infertilidad a dificultades o deficiencias del cuerpo, sin embargo, todo lo que impide que una pareja logre el embarazo es originado por temas emocionales producto de nuestra programación. Durante la infancia nos son transmitidas un conjunto creencias con las que aprendemos a interpretar el mundo, cada una de las creencias va anclada a una emoción y éstas últimas son el lenguaje con el que nos comunicamos con el cuerpo. Si las emociones que producimos son negativas, enviamos vibraciones de esa frecuencia a nuestro organismo, afectando sus funciones, incluidas por supuesto las de la reproducción.

Ciertas creencias con las que nos programaron desde niños nos muestran una visión negativa de la procreación, por ejemplo, a algunas mujeres se les ha dicho que el parto es un evento sumamente doloroso, mientras que hay hombres que crecen con la idea de que tener un hijo representa una responsabilidad abrumadora. Estas creencias distorsionadas son guardadas en el segundo chakra, el cual gobierna el aparato reproductivo.

Las emociones desequilibran los elementos fundamentales de nuestro cuerpo, por ejemplo, el miedo lleva más aire al segundo chakra, lo que genera que el tejido se enfríe y no tenga la temperatura adecuada para gestar la vida. Si el hecho de no lograr concebir enoja a la pareja, esta frustración se expresa con exceso del elemento fuego que llega a quemar las células reproductivas. En la procreación también influye la confianza que nos inspire nuestra pareja, es decir, si uno de los dos duda de la capacidad del otro para ser padre o madre, está enviando el mensaje a su cuerpo de que lo más conveniente sería desactivar su función reproductiva.

En muchas ocasiones las creencias religiosas inciden en la forma en que concebimos el tema de la sexualidad. La mayoría de las religiones le han otorgado un valor negativo al sexo, categorizándolo como algo malo, incorrecto o sucio, por lo que las personas con creencias religiosas muy arraigadas manifiestan la culpa de expresar su sexualidad directamente en sus órganos reproductivos.

Por programación religiosa, hay quien incluso cree que la única manera correcta de formar una vida es mediante la concepción inmaculada, de este modo no sienten la libertad de embarazarse sin desafiar con ello el concepto religioso de cómo debe concebir una “mujer pura”. Las emociones de ambos, combinadas con la programación de su infancia y las creencias culturales, se comunican en su cuerpo creando las condiciones para que el embarazo se vuelva difícil de lograr.

En Centro de Desarrollo Luz Dorada, en Chile, atendimos el caso de una pareja que había intentado concebir desde hacía cinco años. A través de la lectura de aura logramos observar las imágenes que estaban almacenadas en el aura de cada uno de ellos. En el segundo chakra de la mujer, vimos claramente que ella deseaba tener un bebé para que le diera amor incondicional.

Por su parte, en el hombre percibimos que la imagen que había creado del bebé era una fuerte copia de sí mismo y buscaba que éste compartiera sus gustos y viviera sus experiencias. Esta pareja, aún sin haberlo concebido, ya esperaba que su hijo o hija cumpliera sus expectativas y satisficiera sus necesidades.

Durante la terapia nos comunicamos de manera psíquica con el espíritu del bebé, quien nos dijo, “Yo no voy a encarnar para llenar el vacío de alguien más. Yo no quiero nacer para nadie, yo quiero nacer para mí”. Los niños, a nivel espiritual, procuran encarnar en un ambiente propicio para vivir su propia experiencia, pero el espíritu de este bebé no sentía que quienes intentaban ser sus padres le estuvieran ofreciendo las condiciones de vida que deseaba experimentar.

Después, impulsados espiritualmente por el bebé, la pareja se inscribió al seminario de Sanación de Luz Dorada, donde aprendieron a construir otro tipo de creencias respecto a la paternidad, basadas en honrar la individualidad de su futuro hijo. Luego de cinco años de intentos, lograron embarazarse sólo dos meses después de haber tomado el curso.

Las religiones comparten la creencia de que Dios decide quién nace y quién muere; sin embargo, Dios no es un juez que controla a la humanidad, sino una consciencia en expansión de la que todos formamos parte. Para crear una nueva vida, el espíritu del bebé, el del papá y el de la mamá están involucrados; y juntos, a nivel espiritual, determinan el momento en que iniciará la creación del nuevo ser.

Cuando llegan a este acuerdo, el espíritu del bebé envía un rayo de luz que le ordena al óvulo abrirse para permitirle entrar al espermatozoide, no obstante, después de la fecundación puede ocurrir que el bebé o algún miembro de la pareja cambien de parecer respecto al acuerdo, si esto pasa, la nueva vida no se consumará.

Una semana antes del nacimiento, el espíritu del bebé envía a su cuerpo físico una chispa dorada con la energía de la vida. El cuarto chakra, ubicado a la altura del corazón, se abre para recibirla, creando así una conexión directa con Dios. Una vez que recibimos la energía vital, el espíritu entra en el cuerpo y envía un rayo energético desde el cuarto chakra hasta el centro de la Tierra para agradecerle la oportunidad de encarnar en ella. Al conectarnos con estas dos energías, la del Ser Superior y la de la Tierra, se anuncia la individualización de un nuevo ser divino.

Luego de que el espíritu habita el cuerpo, el nuevo ser se reconoce en la fuente de vida que es Dios y se prepara para ser recibido por sus padres, así podemos decir que hay dos nacimientos: uno, cuando el espíritu se conecta con el cuerpo y otro, cuando el bebé emerge de la oscuridad del vientre para encontrarse con la luz. También hay ocasiones en que el espíritu no desea vivir la experiencia del parto, por lo que establece la conexión con el cuerpo una semana después de haber sido alumbrado.

Cada uno de nosotros es un ser divino que, igual que Dios, queremos expandir nuestra propia consciencia, de este modo, el espíritu de la niña o el niño que desea experimentar en La Tierra, hace una búsqueda espiritual de dónde y con qué padres le sería propicio encarnar. En los márgenes de su decisión, se involucran temas karmáticos, es decir, aquellos asuntos y temas pendientes de otras vidas que el espíritu del niño desea tratar durante la encarnación, por supuesto, el karma no es un castigo, ni un ajuste de cuentas, sino la búsqueda de las condiciones adecuadas para obtener un nuevo entendimiento.

A partir de diciembre de 2012, momento en que la Planeta entró a la cuarta dimensión, hay un mayor reconocimiento de las personas respecto de su propia espiritualidad. Esta transición ha facilitado la comunicación a niveles espirituales y ahora los niños y niñas llegan al mundo más conectados con la vida que desean crear. Los bebés antes de encarnar eligen como padres a los seres que consideran adecuados para acompañarlos y guiarlos en su experiencia por la Tierra y en el desarrollo de su propia consciencia.

Harold Moskovitz

“Más que impresionar, mi intención es de inspirar a la gente para que se conozcan a sí mismo. El ser maestro implica tener discípulo, yo prefiero tener alumnos a quienes motivar para que crean en ellos mismos, ya que lo que ven en mi, está en todos.”

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