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La Pareja

La pareja, sexos complementarios

La pareja, los sexos femenino y masculino, no son opuestos, son complementarios, mas uno no completa al otro, ya que somos seres completos por naturaleza. Fuimos hechos distintos para complementarnos y construir juntos entendimientos más amplios.

En Estados Unidos, entre el 50 y 55% de los matrimonios se divorcian, mientras que del resto de las personas que viven en pareja, muchas deciden mantenerse en la relación (aunque se sientan infelices) porque consideran que esto sería lo mejor para sus hijos; y otro tanto lo hace por razones de dinero, ya sea porque comparten su fuente de ingresos con la pareja o por dependencia económica.

La ley estadounidense favorece que en caso de divorcio, la persona que goce de mejor ingreso apoye económicamente a su ex pareja. Si estas condiciones fueran similares en todo el mundo, quizá los divorcios incrementarían en otros países. Considerando esta estadística, podríamos aventurarnos a concluir que la mayoría de las relaciones de pareja no funcionan.

Muchas de las personas que hoy se sienten desdichadas en su relación llegaron al matrimonio con la idea de que serían felices por siempre, sin embargo, una vez que las creencias contrastan con la realidad, la vida en pareja comienza a volverse complicada. Desde la infancia, nuestros padres nos enseñan a interpretar el mundo a partir de los conceptos de bueno y malo, de este modo somos programados para juzgar y juzgarnos, de acuerdo a lo que hayamos aprendido que es “bueno”.

Como adultos, reproducimos este patrón negativo y juzgamos a la pareja partiendo de creencias propias. Las discusiones se producen cada vez que intentamos imponer al otro el valor de nuestra experiencia, enfocándonos en demostrar que tenemos la razón sin tratar de entender cuál es la necesidad del otro y poco a poco, los juicios y las creencias, van destruyendo las relaciones.

Una de las creencias que más influye en la relación es la que parte de que hombres y mujeres somos opuestos. Esta creencia confronta a los sexos, sin considerar que fuimos hechos distintos para complementarnos y construir juntos entendimientos más amplios. Al juzgar nuestras diferencias partiendo de valores negativos sobre el otro género, construimos una imagen de antagonismo con nuestra pareja, en vez de apreciarlo como un ser capaz enriquecer nuestra experiencia en la Tierra.

En las terapias de Desarrollo Luz Dorada, hemos observado que los temas por los que muchas parejas discuten están muy relacionados con reclamos que ellos les harían a sus padres, volcando sobre el otro los asuntos no resueltos con su propia familia. Hay un frase que dice, “cuando dos se casan, hay seis en la cama”, la cual no es precisamente una orgía de placer, sino el choque de las creencias que ambos han aprendido desde la infancia.

Los juicios con los que crecimos nos los llevamos hasta lo más íntimo de la vida en pareja y sólo nos sirven para crear expectativas basadas en lo que vimos en nuestros padres. En vez de permitirnos compartir con nuestra pareja tal como ella o él es, caemos en reclamos infantiles del tipo, “por qué no eres como mi mamá”. El amor no tiene condiciones y acepta a las personas tal como son, si pedimos algo a cambio del amor que ofrecemos, no estamos amando, sino manipulando.

Comúnmente alguien que se siente juzgado tratará de defenderse respondiendo con otro juicio, así, juicio contra juicio va creciendo la hostilidad en la relación, hasta que uno (o los dos) se cansan de participar en esta dinámica. Con tal de no pelear, hay personas que prefieren aislarse y si bien este recurso podría frenar los pleitos, en realidad no resuelve la situación de la pareja y las emociones negativas se manifiestan en insondables silencios que resquebrajan la relación.

Si uno o ambos consideran que el amor se acabó, lo más sano sería separarse. Quizá esto parezca difícil, sobre todo si evaluamos la situación desde estrictas creencias religiosas, pero nosotros como seres divinos, no vinimos al mundo para pelear ni para ser infelices, sino para experimentar y alcanzar nuevos entendimientos.

Ni siquiera los hijos son una razón que justifique mantenernos en una relación en la que ya no deseamos participar. Los niños son seres brillantes que perciben las emociones de sus padres y desean que éstos sean felices. A veces, separarse de la pareja, sin rencor y sin culpa, es la manera de honrar el valor que esa relación tuvo para nosotros.

Las parejas felices se comunican de una manera exenta de juicios y entienden que en la vida no existe “bueno” y “malo”. Ellos aman honrando el libre albedrío de su pareja y consideran valiosa la opinión del otro aunque no la compartan. En estas relaciones no hay quien tenga razón ni quien esté equivocado, solamente hay distintas perspectivas de una situación.

Quienes se aman de este modo, se brindan la oportunidad de aprender mutuamente y desarrollar su propia consciencia. Hay un tipo de amor que se da cuando al ver a alguien, sentimos una energía inexplicable.

Comúnmente lo llamamos “amor a primera vista” y surge porque espiritualmente reconocemos a otro ser con el que compartimos alguna experiencia en vidas anteriores. Quizá se trate de alguien que fue nuestra pareja, un pariente, un amigo, o puede ser una persona que nos hizo daño, pero aun en este caso la emoción por reconocerle es igual de intensa.

El espíritu no guarda rencor ni mira las cosas negativas, por eso es posible amar en esta vida a alguien que, por ejemplo, nos asesinó en una vida pasada. También es posible que nos encontremos a quien amamos intensamente en otra vida, pero en ésta no nos entendamos debido a nuestros juicios y creencias.

Antes de llegar a la Planeta, los espíritus pasan por una especie de oficina de migración donde se revisan las últimas condiciones para permitirle encarnar. Algunos espíritus están tan llenos de energía que no cabrían en sólo un cuerpo y en estos casos, “migración” les sugiere dividirse y distribuir su energía en dos cuerpos.

De este modo surge lo que conocemos como “alma gemela”, “media naranja” o como se prefiera llamarlo. Por cuestiones culturales, se no has dicho que al encontrarnos con nuestra media fruta caeremos enamorados de inmediato; sin embargo, ésta sólo es una impresión idealizada de este encuentro.

Es posible que en esta encarnación, las medias naranjas sean personas del mismo sexo o de edades radicalmente diferentes, o incluso que uno de ellos sea sólo un bebé, pero, aunque no se den las condiciones para que un amor romántico se manifieste, estos seres se identifican y reconocen en el otro los acuerdos construidos a niveles astrales.

El aura de las personas enamoradas luce diferente, dependiendo del nivel de consciencia, llega a ser rosa, rosa plateado o rosa dorado y al hacer el amor, sus chakras se unen y se mezclan generando un aura nueva. Cada uno sigue conservando su individualidad, pero juntos formaron una energía que los fortalece y los hace crecer espiritualmente. Al amar, creamos una nueva consciencia, un tercer ser que es la relación, por ello cuando amamos nos convertimos en seres creadores, igual que Dios.

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