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Libre Albedrío

Los Paradigmas Parte II El Libre Albedrío

Dios sabe mucho, pero no lo sabe todo porque tú y yo estamos dotados de libre albedrío y todos nosotros, en nuestro propio universo somos creadores.

Durante siglos, la humanidad ha sido programada para creer que el mundo es algo fijo y predeterminado. Este paradigma con que nos fue explicada la realidad sostiene que la Universa es una máquina creada y gobernada por las leyes de Dios y le atribuye cada evento de la Universa a la voluntad divina. Estas leyes que supuestamente rigen todo, en realidad son un concepto religioso que surgió para favorecer el control social y limitar el libre albedrío. Dichas creencias fueron aceptadas como válidas y universales y se convirtieron en los entendimientos sobre los que se construyó la cultura.

En la actualidad, muchas expresiones del pensamiento como la ciencia, el arte y los valores morales, parten de creencias religiosas que reproducimos a diferentes escalas sociales; por ejemplo, la idea de que Dios es hombre y gobierna en la Universa se replica en los hogares de tal modo que, como el padre es hombre, a él le corresponde gobernar en la familia. De acuerdo a este paradigma, cada uno de nosotros estaría sujeto a una autoridad externa y coercitiva que somete nuestra curiosidad y libre albedrío.

El paradigma

Aceptar un nuevo paradigma implica reconfigurar nuestra concepción del mundo, lo cual no resulta nada sencillo para la mayoría de las personas. Por lo general, nos resistimos a la información que desafía nuestras creencias previas porque hemos sido programados para temer a lo desconocido. Muchas veces se ha dicho que este temor es algo natural, sin embargo, la respuesta innata ante lo desconocido no es el miedo, sino la curiosidad.

Para los seres espirituales como nosotros, lo desconocido es la oportunidad de desarrollar una nueva experiencia; no obstante, la crianza, la cultura y la religión nos han programado para sentir miedo y de este modo limitan nuestra conciencia y la encierran en los parámetros de lo establecido. Incluso los científicos, que suelen considerarse personas muy racionales, responden con temor ante aquello que confronta lo que conocen.

La creencia religiosa de que el espíritu es una cualidad exclusiva de Dios ha restringido el desarrollo de la ciencia porque separó tajantemente al cuerpo del espíritu, negando la naturaleza espiritual de los seres humanos. Durante siglos, los médicos trataban los órganos enfermos, pero omitían la relación de la consciencia con la enfermedad, como si ésta fuese algo ajeno al cuerpo.

Las teorías de quienes trataron de demostrar que el organismo responde a las creaciones de la consciencia han sido, en su mayoría, rechazadas y ridiculizadas. Sin embargo, tras décadas de esfuerzos, el paradigma médico al fin está flexibilizándose y cada vez reciben más aceptación las investigaciones que proponen que la consciencia, o en otros términos, el espíritu, es quien gobierna las funciones del cuerpo.

Nuevos entendimientos

Este nuevo entendimiento ha resultado desafiante para los paradigmas tradicionales, principalmente porque parte del principio de que la salud no depende ni de la medicina, ni de la voluntad de Dios, sino de nuestras emociones y creencias.

El biólogo estadounidense Bruce Lipton, observó que el comportamiento celular está determinado por la manera en que la célula percibe su entorno, pues las emociones producen una vibración que activa una respuesta en nuestro cuerpo; es decir, si las emociones que generamos son de alta frecuencia, mantenemos en equilibrio la energía del organismo pero por el contrario, si son de baja frecuencia, como el miedo, el enojo, la culpa, etc. generamos vibraciones negativas que deterioran el funcionamiento celular, lo que provoca la manifestación de enfermedades.

De este modo, el comportamiento de las células no está determinado por el ADN, sino por la información que enviamos al cuerpo a través de nuestras emociones.

Con el surgimiento y la gradual aceptación del nuevo paradigma, la ciencia está construyendo una visión más integral del ser humano, la cual comprende que el cuerpo, los órganos, el espíritu, las emociones y creencias están interrelacionados una compleja unidad. Todos los sistemas trabajan juntos y se comunican entre sí para mantener el funcionamiento del cuerpo. Gracias a esta sincronía, el cuerpo nos mantiene informados de cómo nos encontramos a nivel físico.

Qué dice la ciencia

Aunque para la ciencia contemporánea este entendimiento podría resultar novedoso, en realidad, es ancestral. Los chamanes de las culturas más antiguas entendían que las personas formamos parte de un sistema espiritual, que a la vez también habita dentro de nosotros.

Para la mayoría de las religiones, Dios está fuera del cuerpo y nosotros vivimos sujetos a su voluntad, pero desde un punto de vista holístico espiritual, lo divino está presente en cada en cada molécula del universo. Nosotros somos seres semejantes a Dios, con la capacidad de decidir y crear la realidad que deseamos porque Dios creó el universo para expandir su consciencia, no para imponerse sobre su creación.

En la divinidad no hay leyes inquebrantables, sino principios que llevan dentro de sí la consideración de la individualidad y el libre albedrío. Fuimos creados para crear y conocer porque cuando nuestra conciencia crece, Dios crece con ella.

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