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Muerte

El Proceso de la Muerte

La muerte es una transición espiritual, igual que la encarnación. Cuando la energía del cuerpo físico se extingue, el espíritu se desprende del plano material y se prepara para peregrinar hacia otros niveles de consciencia, lo cual, para los seres espirituales como nosotros, es una oportunidad para conocernos más.

El espíritu decide encarnar en las condiciones materiales que le permitirán desarrollar su consciencia hacia nuevos entendimientos. En un alto nivel espiritual, espera hasta encontrar a la pareja cuyas circunstancias empaten con los temas que desea experimentar, y una vez que la encuentra, inicia negociaciones con ella hasta que juntos establecen el acuerdo de crear un nuevo ser. Este proceso, medido en una escala del mundo físico, puede durar de tres a treinta años, aunque hay excepciones, como el caso del Dalai Lama que reencarna en cuestión de días.

Una vez que los tres seres involucrados en la concepción: papá, mamá y nuevo ser, llegan a un acuerdo, el óvulo se abre para permitir la entrada del espermatozoide. A niveles biológicos, la ciencia no ha podido precisar por qué ocurre en ese momento determinado, pero una vez que estas células se encuentran, surge una chispa dorada que da la instrucción para que inicie la creación de un nuevo cuerpo que no alcanza la condición de ser humano hasta que el espíritu lo habita.

Una semana antes del alumbramiento, el alma, que es un cúmulo de energía alojada el cuarto chakra, se abre para recibir al espíritu, éste último desciende en forma de una esfera de energía y entra al cuerpo través del séptimo chakra, recorriendo todos los chakras superiores hasta anclarse en el cuarto, cuando esto ocurre, inmediatamente se envía un rayo de energía desde el cuarto chakra hasta el centro de la Tierra. De este modo el espíritu encarna anunciando sus dos niveles de vida, terrenal y espiritual. Cuando se establece esta conexión, se completa el nuevo ser.

Antes de la encarnación, los chakras ya están en el cuerpo: ser, ver, comunicar, ser, hacer, sentir, existir, pero no se activan hasta que el espíritu entra y conecta el yo al sistema energético, agregando la consciencia a los chakras para convertirlos en yo sé, yo veo, yo comunico, yo soy, yo hago, yo siento, yo existo. De forma inversa, en el momento de la muerte, el yo abandona del cuerpo recogiéndose desde el primer chakra hasta el séptimo y sale a través una columna de energía la cual es el famoso túnel que tantas personas con experiencias cercanas a la muerte han visto.

Mientras alguien va por el túnel, se le presentan imágenes de su vida e incluso puede encontrarse con guías espirituales que le brindarán orientación en el camino a la muerte. En la Planeta hay cincuenta y cuatro niveles espirituales y al más alto de ellos se le conoce como Consciencia Crística, porque sólo Cristo logró alcanzar a ese nivel en la Tierra. En el último nivel se encuentra la puerta de la muerte y una vez que la pasamos, ya no es posible regresar al cuerpo.

El espíritu puede decidir encarnar antes del nacimiento o después, si es que no desea experimentar el parto y del mismo modo puede abandonar el cuerpo antes de la muerte física, sobre todo, si ésta será dolorosa. Un ejemplo de esto es el caso del famoso psíquico estadounidense Edgar Cayce, quien se encontraba por abordar un elevador pero, aunque aún había sitio para él, decidió no hacerlo porque percibió que las personas dentro del ascensor no manifestaban aura. Al momento de cerrar las puertas, el ascensor se desplomó y todos los ocupantes murieron.

El espíritu de estas personas había decidido abandonar el cuerpo para no experimentar una muerte dolorosa, dado que el dolor físico es una característica del cuerpo y como espíritus no encarnamos para padecer dolor, sino para aprender y vivir experiencias.

Una vez que salimos del cuerpo y accedemos a otros niveles, nos encontramos con seres espirituales que nos ayudarán a analizar nuestras experiencias de vida. Estos Señores del karma o profesores del karma, como prefiero llamarlos, nos guían en la comprensión de cada situación vivida desde la perspectiva de víctima, victimario y testigo, para armar juntos una visión más completa de lo que fue nuestra existencia. Los profesores del karma no juzgan nuestras acciones, sino que nos orientan para tomar una decisión clara relacionada con lo que el espíritu desea experimentar en caso de que decida reencarnar.

El karma no existe por sí solo, sino que es una creación de nuestra experiencia. Nosotros creamos karma cuando nuestras acciones interfieren con el libre albedrío de nuestros semejantes, por ejemplo, al mentir, matar, robar, amenazar, violar etc.

Todo el tiempo estamos creando karma, pero la manera en cómo serán analizadas nuestras acciones depende en gran medida de las circunstancias en que se dieron, es decir, el karma será diferente si herimos a alguien intencionalmente o en defensa propia porque el karma es una manera de ayudarnos a recordar que somos divinos y que cada cosa que hacemos es trascendente en nuestro desarrollo de consciencia.

Después de que el yo ha salido del cuerpo, otros seres espirituales empiezan a deshacer las experiencias de vida del cuerpo físico, desintegran las capas de los chakras, de las emociones, las creencias, uniendo esta información y una vez que está completa, la almacenan en una esfera de energía naranja-dorada que sale por el cordón de plata, ubicado en el tercer chakra, y asciende hasta reunirse con el espíritu en el último nivel de la consciencia, y es en ese momento, cuando las experiencias de vida y el yo se juntan en el plano espiritual, cuando culmina el proceso de muerte.

La transición a la muerte pasa más rápido o más lento, dependiendo de las condiciones o la forma en que ocurrió la muerte física. A veces, el espíritu sale tan rápido que empuja al cuerpo y éste tarda en descubrir que ha muerto, algo similar a lo que ocurrió en la película Ghost.

La muerte es una decisión profunda que tomamos a nivel espiritual, ni siquiera las muertes más inesperadas ocurren por accidente, ya que todo ha sido acordado previamente por el espíritu y la decisión puede ser individual o grupal, como fue el caso del elevador del ejemplo anterior donde todos los ocupantes acordaron morir juntos.

Cuando elegimos encarnar por primera vez, firmamos un acuerdo por 108 vidas para desarrollar nuestra consciencia. Si durante nuestra experiencia transgredimos el libre albedrío de los demás y creamos mucho karma, firmamos otro acuerdo por otras 108 vidas y así sucesivamente hasta lograr el entendimiento que requerimos. De este modo, la muerte en el mundo físico es simplemente una transición en nuestro peregrinar espiritual, cada encarnación es la oportunidad para desarrollar la consciencia, expandiéndose sin límites hasta unirnos completamente con la energía divina, donde seremos capaces de crear desde la infinidad de Dios.

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