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Paranormal

Una Experiencia Paranormal

Toda persona que maneje su energía puede considerarse a sí mismo como un mago.

Una persona psíquica es alguien capaz de ver, escuchar o sentir la energía en movimiento. Nosotros percibimos energía constantemente a través de nuestros chakras: en el séptimo se ubica la intuición y la destreza para interpretar lo percibido; en el sexto vemos la energía, lo cual es llamado clarividencia; de hecho, es posible ser psíquicos desde cualquier chakra porque el psiquismo es sencillamente la capacidad para percibir más allá de los sentidos, por ejemplo, si somos psíquicos del quinto, estamos hablando de clari-audiencia, que es la capacidad de escuchar y comunicarnos energéticamente, mientras que la mayoría de nosotros somos clari-sensibles, esto quiere decir que sentimos las vibraciones de un lugar o de una persona, de allí que identifiquemos si algo nos da “mala vibra”.

Dios es psíquico y nosotros, como sus semejantes, también lo somos. El psiquismo es un don natural, pero debido a la programación de nuestra infancia, muchas personas pierden esta capacidad como le llega a ocurrir, por ejemplo, a un niño que le dice a su madre que está viendo a un pariente muerto y ella le responde que lo que ve es un error de su imaginación o de su mente. Incluso, si sus creencias religiosas son muy fuertes, puede interpretar la sensibilidad del niño como algo “diabólico” y de este modo el niño asocia la angustia de su mamá a sus rasgos psíquicos y aprende a considerarlos como algo negativo o indeseable.

Hace tiempo atendí el caso de una chica de veinte años que fue diagnosticada con esquizofrenia y tomaba medicamentos antipsicóticos. Ella era una persona con una enorme sensibilidad psíquica, era capaz ver el aura de las personas, veía fantasmas y podía percibir objetos cambiando de dimensión, peculiaridad con la cual la realidad se aprecia como en la pintura de Salvador Dalí, la Persistencia de la memoria, mejor conocida como “los relojes”.

Por creencias religiosas y científicas su capacidad había sido estigmatizada y en vez de que el psiquiatra intentara comprender sus visiones, las rechazó como una respuesta fundada en su miedo a lo desconocido. Después de que ella comprendió que no había nada incorrecto en su cerebro y simplemente era una persona con una percepción mucho más amplia de lo común, dejó las pastillas e inició el curso de clarividencia en Desarrollo Luz Dorada, donde aprendió cómo expandir de forma consciente su habilidad psíquica.

Los psíquicos perciben muchas energías, entre ellas las que solemos conocer como fantasmas. Nosotros somos espíritus que encarnamos en un cuerpo, pero no somos el cuerpo, de modo que nuestra consciencia es capaz de permanecer en el mundo físico aun sin estar encarnada. Los fantasmas son personas que fallecieron pero su consciencia quedó tan enfocada en una emoción que anclaron su energía a este nivel de existencia.

El tránsito a la muerte depende en gran medida del nivel de consciencia de la persona, si se trata de alguien muy enfocado hacia lo negativo, es probable que después de la muerte se quede encerrado en sus emociones, sobre todo si ésta ocurre de forma repentina o violenta.

Los fantasmas son energía manifestada en un cuerpo etéreo, incapaz de dañar a un espíritu encarnado en materia como nosotros, por esta razón somos mucho más poderosos que ellos y en realidad no hay ningún motivo lógico para temerles. Si nos asustan, es porque fuimos programados para sentir miedo a lo desconocido.

Además de los fantasmas, la magia y la brujería son otros conceptos considerados como paranormales. La magia es el manejo de la energía que contiene cada elemento del universo. En un sentido amplio, toda persona que maneje su energía podría considerarse un mago, pero cuando usamos esta capacidad para violar el libre albedrío de alguien estamos hablando de brujería.

Para que la brujería surta efecto, no es indispensable creer en ella porque aun sin manifestar esta creencia, con las emociones negativas facilitamos la entrada a estas energías nocivas. La brujería energiza imágenes que ya están presentes en la víctima y se vale de ellas para interferir en su existencia, por ejemplo, si un acto de brujería trata de llegar a una persona que siente un temor asociado a sus piernas, entrará a través de esa emoción y así pueden ocurrirle accidentes y enfermedades que afecten esta parte de su cuerpo.

Somos inmunes a la brujería cuando vivimos con autoconfianza y amor propio, porque la fuerza de la brujería no radica en el brujo, sino en la “víctima” que con sus emociones y creencias permite que energías externas ocupen su espacio físico y espiritual. Las personas que desconocen su valía buscan en el exterior su propio valor, sin percatarse de que todo lo que existe en nuestro alrededor es un reflejo de lo que nosotros llevamos dentro.

Para que nuestra energía se manifieste en nuestro entorno no es indispensable ser un brujo o un chamán, simplemente reconocernos como un ser divino con la capacidad de percibir y manejar su energía para crear lo que desea.

Algo paranormal es aquello para lo que no hay explicación científica, al menos no desde el paradigma científico tradicional.

La ciencia, del mismo modo que lo hace la religión, no reconoce la presencia del espíritu en la naturaleza ni en el resto de los elementos de la Universa, pero los átomos de los que está formada la materia contienen energía vital, por lo que en cierto grado cada cosa de la Universa, sea orgánica o no, está viva.

Lo único diferente entre un humano, una planta o una silla es su nivel de consciencia. Por ello, una palabra más adecuada para paranormal, sería paranatural, porque así consideramos que cada cosa de la Universa incluye vida dentro de sí.

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